Publicidad:
Terra
La Coctelera

Fear and loathing in London

Chicos, muchas cosas pasaron el fin de semana que vinieron Dani y Carla. Cosas terribles, ilegales y ateas. Nos lo pasamos bien. Era la primera vez que Dani y Pimpo pasarían un tiempo juntos y aunque el primero no lo supo nunca, Pimpo le examinaba a fondo, para ver de que pasta estaba hecho, y por tanto si era merecedor de Cristina, su prometida. Tantas ganas tenía Pimpo de que llegara este hombre para callar de una maldita vez a Cristina, que no se enteraba lo que aburría a Pimpo al hablarle de su novio. A veces, a Pimpo le daban ganas de vomitar. Sin embargo su presencia esos días le gustó a Pimpo. Más que nada porque vio que era un chico correcto en formas, acertado en tratamiento, comedido y además no ocupa, ni gasta mucha agua al ducharse. Eso sí, se paso todo el finde desnudo.   Aunque eso a Pimpo no le importaba, ya que él estaba otras labores.

Un total de 3 chicas para él. María, Caritina y Carla, a la que Pimpo las acabó considerando como una hermana, una tía hippie y una femme fatalle, respectivamente. Los 4 se puede decir que vivieron muchas aventuras, se perdieron por la noche y extrañamente acabaron cerca del hostel donde Pimpo comenzó su aventura en Londres. Tuvo que defenderlas de borrachos en los bares (lo que estuvo bien para practicar el idioma, según él hablar como Bruce Willis en inglés, acojona a los anglosajones). Gracias a ellas Pimpo no se aburrió y lo que nunca les dijo: fue un placer convivir (y dormir con ellas) ya que la casa estaba infectada de los novios de sus otras dos compañeras.

Aunque fuera una salvación, también fueron un castigo, y como estuvieran en un jardín de infancia, las chicas demostraran una actitud deplorable el día de cumpleaños de Pimpo. La bebida hizo estragos en las niñas (muchos decían que si Pimpo había puesto algo en la bebida), pero lo que para Pimpo iba a ser un gran regalo de cumpleaños, (el dormir con 3 mujeres) finalmente acabo siendo todo lo contrario. El surrealismo comenzó en un momento determinado de esa noche del 28 de Noviembre de 2009, en la casa de Jara, Cristina y Pimpo donde se celebraba el cumpleaños de estos dos últimos. Como no podía ser de otra manera, por allí andaba un ron comprado en el Tesco, el más barato, extraño, tostado y sabroso ron que jamás vieron. Todos bebieron y a cierta hora de la noche, las chicas desaparecieron.

¿Dónde estaban se preguntaban? Para responderlo tuvieron que buscar por las habitaciones. Una de ellas, María dormía en la cama de Pimpo, con un colchón inflable marca Restform encima de ella a modo sándwich. Por supuesto ella dormía en diagonal, ocupando toda la cama, luego tuvieron que bascularla para que entraran las demás. Pero, eso… ¿y las demás? Continuaron la búsqueda y dormidas en la cama de Cristina, estaban Caritina y Carla, lo que supondría un problema. Cristina, Dani y Pimpo (Jara estaba a lo suyo con su novio) se enfrentaban a la situación de que A, Pimpo no tenía lugar donde dormir y B, Dani y Cristina no tenían lugar donde yacer. Mucho más preocupados la pareja que Pimpo, Cristina intentó convencer a Pimpo para llevarlas a todas a su cama, pero claro, el dormiría en el Salón, sin persiana, en un colchón hinchable (el que estaba en su habitación encima de Maria) y además sólo. Al final le convenció al sobornarle con que todas las noches Cristina le haría la cena a Pimpo. Y si hay algo que recuerda Pimpo desde entonces es que Cristina es una mujer que incumple sus sobornos, ya que jamás le hizo la cena, porque volcar nachos en un cuenco no es hacer la cena.

A parte de eso y tras ver, recuerdan Pimpo y Cristina, un pecho de una de estas chicas al intentar sacarlas de la habitación de Cris y de un vómito de una de estas tres chicas en el pijama de Pimpo, se fueron a dormir (como no dando el espectáculo, moviendo el cuerpo muerto de María para que pudieran entrar todas en la cama). Horas más tarde Pimpo le abriría la puerta de la casa a su hermano que venía a verle vestido en vaqueros y camisa, ya que era el único pijama posible que tenía tras el incidente, pero la educación y discreción de su hermano, le procuró no preguntar mucho. No dijo nada, cogió sus bártulos y se fue de vuelta a España (no fue una buena despedida ya que Pimpo no estaba muy católico, pero bueno, ya se volverán a ver). Horas más tarde y para rematar la jugada, Jara se sentó en la cama hinchable de Pimpo. Desconcertado y desorientado, Jara le agarró la mano y le dijo que se podía ir a dormir a su cama, no para nada pecaminoso, como fugazmente viajo por la mente de Pimpo, sino porque en 10 minutos llegarían 4 amigos suyos que venían de visita por unos días, y claro, necesitaban el salón, pero eso es ya otra historia.

There is no place like home

Chicos, al día siguiente, el último que podían estar en el Hostel, quedaron con estas chicas en Victoria Line, donde buscarían agencias por la zona que les facilitarían una casa. Todo se antojaba bueno para ellos y encontraron muchas; en esa misma mañana pudieron ver varias casas, pero a medida que el sol se ocultaba, el "feeling" con las chicas nuevas también se iba con el astro rey, porque ambos grupos tenían planes diferentes.
Vieron casas muy buenas, con grandes salones de tres habitaciones, luminosas y enmoquetadas (sobre todo las escaleras, algo que a Pimpo le fascinaba) en las que las chicas dormirían juntas y el chico en una sola, a pesar de las proposición de este de dormir con las nuevas chicas.
Todas les gustaban a Jara a Cris y a Pimpo, pero a las otras dos: Aitziber y Teresa, le ponían a todas la misma pega: el precio. Teresa que estudio económicas estuvo haciendo cuantas todo el rato y no quería una casa que sobrepasara el precio que ellas buscaban: 75 libras semanales (no se en que estarían pesando buscando eso en Londres). Algo impensable para esa ciudad y más por la zona que estaban buscando, con el Big ben enfrente. En suma, fue un día perdido para nuestros amigos, ¿o tal vez no?
Entrada la noche, a la desesperada, fueron a una agencia inmobiliaria de Noting Hill, los cinco juntos. La inmobiliaria, muy moderna para el body, no era de aspecto diáfano y con las típicas fotos de las casas con el precio debajo. Era muy moderno y minimalista, con asientos de diseño y lo mejor de todo, era bar-cafetería. Tú entrabas, pedías cita y esperabas que el agente inmobiliario llegara. Mientras tanto, podías tomar una agua, una cocacola o un capuccino en una taza diminuuta, totalmente gratis claro. Lástima que se dieron cuenta de que se podía tomar algo el ultimo día que fuimos, tras pasar, en semana como 10 0 15 veces.
Fueron a ver la casa que le tenían preparados. Dirección a esta Liz, la agente inmobiliaria (fría y sin sentimientos, ya explicaré porqué...) les dijo a donde ir en metro para verla. Total que al ir estas dos chicas se fueron, porque tenían que marcharse al piso de la amiga donde vivían temporalmente o que sé yo..
Luego los tres protagonistas fueron a verla. Al entrar en esa casa todos sentieron lo mismo, que nos encantaba. Al entrar vieron un salón amplio con dos sofás, una estantería y cocina americana en mármol gris. Todo muy moderno en un piso con el techo muy alto, a lo loft de su amigo Berdugo. No había televisión, pero les prometieron que le darían una. Por lo que tardaron en dársela todos pensaban que seria una de plasma o al menos tan alta como el techo, pero eso en otro momento mejor. Tres habitaciones dobles con grandes camas y armarios grandes, no había escritorio, pero en la vida hay que hacer sacrificios, porque no se puede tener de todo. Una de ellas con escaleras para bajar a la habitación.
Al salir de la casa, todos estaban de acuerdo en que no tenían otra salida que coger ese piso. No era barato, pero se podía pagar ya que no pedían muchos requisitos de avales o recomendaciones de alguien de Reino Unido o que tuvieran trabajo, bla bla bla. Podrían entrar a vivir cuanto antes, sólo había que hacer un ingreso que tendría que llegar antes del viernes y estaban a miércoles y con suerte la transferencia tardaría 2 días. Gracias a la labor del hermano de Pimpo, hombre de banco que hizo que llegará el dinero a tiempo. A aprtir de entonces, todo dependería de la banca mundial para que el dinero llegará a tiempo. Hasta que llegó, la verdad es que fue la misma sensación que cuando sabes que va a salir una nota de algún examen, ya que estaban a la espera de la llamada de la agencia con la confirmación de que el dinero estaba en sus arcas.
Pero claro, antes tenían que decirles a estas dos chicas que las dejaban colgando sin piso porque ellos habían cogido el piso que vieron sin ellas. ¿Traición, ruindad tal vez? Ante todo era un dilema moral...Pensaron y pensaron en qué hacer. Engañarles con el precio, engañarles con el aspecto del piso... Finalmente decidieron ir de frente y contarles que el piso se lo habían quedado. Jara fue la encargada. .Entonces, de manera delicada Jara se lo iba a decir, pero ellas se adelantaron con la misma jugarreta que ellos le iban a hacer. Así que al final ambos grupos se iban a dejar colgados, pues también habían encontrado una habitación doble.
Luego ya no había ningún inconveniente en coger ese piso, bueno sí, ahora faltaba enfrentarse a la búsqueda de otro Hostel en el que vivir, porque esa misma mañana, tenían que abandonar el Generator. Quedándose sin refugio, sin lugar donde dejar las maletas, lavarse o resguardarse del frío.. Ademas tenían que rezar porque el dinero llegara el viernes, sino debían esperara al Lunes para entrar a vivir, porque aún sin casa, la fría y calculadora Liz, no permitiría dejarles entrar a vivir hasta que el dinero no estuviera engordando sus enormes arcas de agente inmobiliario. Pero finalmente lo consiguieron. Y tras este inicio en Londres, y instalados y con casa, aprenderían a vivir, hablarían Inglés, trabajarían en un Starbucks, conocerían el amor, las orgías, las cervezas, a las Checas y Polacas , a Enrique y a Roman y se lo pasarían de puta madre (parafraseando a Roman) pero eso es ya, otra historia...

Raiders of the Lost House

Chicos, empezando de manera opuesta a como terminaron, los tres amigos buscaron y buscaron durante 10 días, con sus 10 noches, un cobijo donde poder vivir la experiencia que ellos llamaron London Calling. Caras largas y tristes esos días, el agobio y el estrés asomaban a menudo. Comian sándwiches de Pret a Manger, una cadena de comida, que ni Jara ni Pimpo sabían que existía, (Cristina si porque es muy leída) pero después de esa semana y media, es como si hubieran ido toda una vida alli, porque sólo se alimentaban de ello.
Por lo tanto, durante esa semana adelgazaron, pues sólo hacían más que caminar por las grandes avenidas, llena de gente extraña y pintoresca de todas partes del mundo. De cibercafé en cibercafé, buscaban hogar, el cual, al principio, iban por un lado el testarudo Pimpo, porque quería vivir sólo. Por otro lado, Jara y Cris, que como si de un matrimonio de Lesbianas se tratase, buscaban habitaciones dobles, en la que harían la vida allí. Porque todo: la cocina, el baño, el salón, el comedor y la cama, estaría metido en un espacio de 10 metros cuadrados, y ya sabeis que el roce hace el cariño....
Aunque ninguno les convencía, y con razón, excepto uno que vieron en Little Venecia (zona muy bonita por cierto, con canales y barcos y todo muy bucólico), cuyo dueño se hacia llamar Vladimir. La casa estaba muy bien, pero era mucho dinero y un poco precipitado decidirse por ella, luego se fueron a otra cosa. Siguieron buscando.
Mientras tanto Pimpo seguía su propio camino, buscando su piso ideal. Es decir, uno lleno de gente erasmus, donde siempre hubiese fiesta y se hablara inglés. Con salón, cocina americana, tele e internet. Ese piso jamas lo encontró, la realidad era bien diferente. Pisos sin salón, con la nevera en el pasillo, sin tele y con baño comunal. Sus compañeros hubieran sido gente rara. En uno se encontró con un tal Mohame, un moro cuarentón de bigote que olía a curry (luego Pimpo descubrió que era él). Otras dos, eran negras culonas que andaban por la casa sin sujetador y fumando tabaco negro. Y por ultimo, cuando este ya desistió en su marcha, fue cuando llego a un barrio de la zona 3 de Londres, es decir bastante lejos del mundo conocido. Un piso 11, de un gran edifico en un barrio sin luz. Las vistas eran bonitas, sí pero lo que le sacó de quicio fue el engaño que sufrió, porque él llegó contento a esa casa ( mejor dicho albergue-carcelario) al ver las fotos en Internet, pero para su sorpresa lo único que tenían en común las fotos que él vio, era la colcha de la cama. Televisión de plasma decían tener... sí seguro. Ademas volver a vivir con una ecuatoriana, no era uno de sus principales objetivos, nuevamente.
Triste y sin salida Cristina le llamó, comentándole que habían encontrado una habitación en un piso con un brasileño, un italiano y algún otro. Además encontraron a unas chicas que también buscaban piso ( a Pimpo le gustó esa idea). Entonces hablaron entre ellas y acordaron buscar piso todos juntos, y en vez de buscar habitaciones, buscarían un piso.

Asi que con cambio de planes, al no encontrar nada más por el tiempo con el que contaban (un día para ver el piso y entrar a vivir al siguiente) y con dos chicas mas en el grupo, emprendieron, a la mañana siguiente la búsqueda de la casa que tanto deseaban. Pero eso es ya otra historia.

London Calling

Chicos, las grandes historias hay que contarlas para que no se olviden. A mi me gusta recordar una que sucedió una vez cuando unos amigos decidieron emprender un viaje a Londres. Eran tres y sus nombres son fáciles de recordar para aquellos que tienen memoria: Jara, Cristina y Pimpo.

La historia comenzó como comienzan todas las historias, con un viaje. Salieron de dos ciudades muy distintas, Cristina empezó la aventura desde Gijón, ciudad de dudosa belleza, saliendo en un vuelo de la mañana hasta esperar a los demás en Londres, que llegarían de Valladolid por la noche. El dia no le fue mal a Cristina, porque estuvo haciendo lo que mas le gustaba: ver tiendas y comiendo mango, fruta típica de la selva, de donde ella viene.

Ya en la noche el grupo de formó. Dirección al Hostel de nombre Generator (que tiene nombre de atracción de feria) Jara no dejaba de llorar por todo lo que había dejado atrás. A partir de esa noche y tras ver un tipo disfrazado de Batman sin camiseta corriendo por la calle, durmieron durante 10 días en ese Hostel que más que un albergue parecía una cárcel.

Aunque al final encontrarón su maravillosa casa donde vivieron unos años en ella, pasaron por un auténtica pesadilla, hasta que un lluvioso viernes por la tarde, en un sitio de bocadillos, les llegó la noticia de que podían, por fin, entrar a vivir a esa casa que llamaron por un tiempo: hogar.

El cúmulo de acontecimientos vividos, el estrés, los cigarros, los sándwiches, dinero gastado, gente que conocieron y camino recorrido fue decisivo para encontrarla. La llamada de London llegaría,pero eso es ya otra historia.